Kurban Bayramı

El Kurban Bayramı es la celebración en Turquia más parecida a las navidades, en el sentido en que es cuando la gente va a los pueblos de sus familias a visitarlos una vez al año, festejar juntos y comer un montón. Aqui acaban los parecidos ya que lo que festejan es la historia de Abraham, al que Dios o Allah (depende el cuento que te sea más afín) le pidió sacrificar a su hijo como prueba de sumisión y justo antes de hacerlo intervino y le hizo sacrificar una oveja en vez(vaya deidad más caprichosa…). Así aqui en los pueblos también sacrifican a un animal y lo reparten a partes iguales entre familia, vecinos y gente necesitada.

Para mi esta festividad significa una semana de vacaciones en el trabajo y la universidad, que coincidió con la visita de Daniel, mi apreciado amigo alemán que conozco desde que Hilal estaba en Barcelona. Junto a su amigo habían comprado un coche en Alemania y hecho el trayecto Darmstadt-Estambul y tras quedarse unos días visitando harían el camino inverso. Cabe decir que estos dos estrafalarios amigos se acababan de graduar y decidieron hacerse un corte de pelo mullet, dejarse bigote y vestir de traje cada vez que tomaban el coche asi que no tuve más remedio(bueno, no insisitieron mucho tampoco) que unirme a la tradición de trajearse y dejarse bigote(ver fotos adjuntas). Aprovechamos su potente Volvo para hacer una escapada de un par de días al lago Abant, a unos 300 km al este de Estambul, unas fáciles 3 horas en coche pero con el tráfico de la festividad nos llevó más de 6. Una vez llegados aparcamos el coche en el paseo que circunda el lago, buscamos madera, hicimos una hoguera y cenamos a la escasa luz de las estrellas. Al día siguiente, después de un fuerte desayuno hicimos un poco de excursionismo hasta uno de los picos cercanos, a unos 1700m de altura (el lago está a 1400m) para tener una buena perspectiva del lago. Tras descender y hacer una última parada en una cálida cabaña donde comimos un exquisito kofte(albóndigas de carne picada y especies) iniciamos el camino de regreso a Estambul.

Bayram

Cada año en Turquía, hay una festividad llamada Bayram que celebra el final del ramadán. Vendría a ser una Semana Santa en el que la gente aprovecha para hacer unas mini-vacaciones dentro del pais. Nosotros nos decidimos por el sur ya que tenia interes por ver las tan afamadas costas turcas. Tras un largo viaje(como en Semana Santa el tráfico es una constante) llegamos a Fethiye, una ciudad costera 800km al sur de Estambul. A media hora esta Oludeniz, que siempre sale en la lista de las mejores playas del mundo. Es un espacio natural protegido famoso por sus aguas turquesas, y el hecho de que en un cierto momento la playa se cierra en una especie de lago de aguas tranquilas. En ese pequeño paraiso pasamos el primer dia. Al dia siguiente hicimos un crucero de un dia por unas islas cercanas. El barco va parando en varias de ellas y durante un rato te puedes bañar en sus costas. Durante la excursion comes pescado en el barco y disfrutas de las vistas de las diferentes islas.

Tras Fethiye nos fuimos un poco más al sur, al valle de las mariposas(kelebekler vadisi), una cala al final de un profundo valle, famoso por sus mariposas en mayo y octubre y por ser un camping hippie años atrás. Ahora es un rincón paradisiaco en el que el único metodo de acceso es por barco, o para los más aventureros como nosotros, por un camino montañoso que se transforma en casi escalada con momentos de paredes a 90 grados en los que hay que deslizarse en cuerda. El camino de una hora y media vale la pena al llegar a la playa y encontrarse con ese paisaje natural, tan bien conservado y recóndito. Flotar en sus aguas turquesas borra de un plumazo cualquier preocupación y le da paz al alma. Un parentesis de aguas turquesas antes de volver a la gran ciudad.

Bodrum

Bodrum es una península en la costa sureste de Turquía y la ciudad del mismo nombre es famosa por ser un centro turístico tanto para los turcos como para extranjeros con cierto poder adquisitivo. Hace unas semanas tuve la suerte de escaparme un fin de semana alli con Hilal ya que su familia tiene una casa de verano. Creo que me enamore del lugar en cuanto el autocar entró en la ciudad de casitas blancas en la ladera de la montaña y la experiencia del fin de semana no me hizo cambiar de opinión.

La casa esta en una ladera que permite una panorámica del mar y las islas vecinas que te regala una tranquilidad inmediata.Tras un clásico desayuno turco con vistas al mar, alquilamos un coche para hacer un recorrido por la península con el matriarcado de su familia, ya que es más fácil para desplazarse por las sinuosas curvas de la zona. Nuestro destino era Gümüslük, un pueblecito de pescadores situado en las antiguas ruinas de la ciudad grieda de Mindos, ahora sumergida y considerada una de las mejores ruinas subacuáticas del mundo. Aparte de lo encantador de pasear por el pueblecito y sus restaurantes en la costa, lo interesante es que puedes caminar por el agua hasta las rodillas hasta la cercana isla de los conejos. Tras el primer baño de la temporada y tras dejar a las mujeres en casa, nos fuimos con Hilal a investigar Türkbükü, la costa con bares y discotecas,destino habitual de estrellas como Tom Hanks, Brangelina o Madonna. Es un puerto dividido por un puente, y a un lado hay los bares para gente “humilde” y al otro lado los bares y discotecas de alto standing.

El día siguiente bajamos a la playa cerca de lacasa a disfrutar de un tranquilo dia nadando y poniendonos morenos y por la tarde, antes de devolver el coche y volver a Estambul, paseamos con las mujeres por el bien conservado centro de Bodrum. Ah, un fin de semana en el paraiso…

Efes

El dia despierta veraniego en Izmir cuando nos ponemos en marcha hacia Efes (Efeso), a unos 90km al sur de Izmir. Las opciones para alojarse cerca de las ruinas de la antigua Ephesos se reducían a Kusadası, una ciudad en la costa del mar Egeo, parada habitual de los cruceros turísticos por las islas griegas o Selçuk, un pueblecito turco a un tiro de piedra de la ruinas. La decision es, básicamente: Kusadasi para turistas, Selcuk para viajeros. Así que optamos por un hostel para mochileros en Selçuk, el cual resulta toda una sorpresa. Empezando por el curioso propietario que había trabajado muchos años en Australia y responde pacientemente a todas nuestras preguntas en un inglés con un acento denso. Al entrar en la habitación nos encontramos con una cama divertidamente decorada.Tras tomar un café en la terraza tomamos prestadas unas bicis del hostel para ir hasta Efes, a sólo 3 kilómetros.
Al no ser aun temporada alta hay bastante gente pero podemos recorrer la ciudad tranquilamente. Escucho algunos españoles pero mayoritariamente es turismo local o griegos o japoneses.
La primera agradable sorpresa es que con la muzeekart nos ahorramos las 25 liras de la entrada. Tras recorrer un paseo arbolado se llega hasta el antiguo gimnasio, irreconocible y al primer gran hito, el teatro, con capacidad en su epoca para 24.500 personas, posicionado de manera muy visible frente a una gran avenida que desembocaba sobre un puerto artificial que conectaba con el Egeo.
Pese a ser un recorrido largo nos enteramos por uno de los guias a los que pegamos la oreja que apenas han excavado un 25% y que probablemente en 10 años las montañas que la rodean sean una parte más de la antigua ciudad excavada.
Siguiendo el recorrido lineal pasamos por los antiguos prostibulos hasta llegar a la que es la parte mas reconocible de Efeso, la Bibilioteca de Celsius, de la que sólo se conserva su hermosa fachada. En realidad está reconstruida ya que la ciudad sufrió varios terremotos y en concreto la fachada había sido reutilizada para una fuente.
Siguiendo la ascensión del camino vamos viendo diversos espacios de la vida cotidiana de los romanos, incluida la curiosa letrina colectiva, varios templos, casas de artesanos, etc.
Todo el recorrido te ayuda a visualizar aspectos mundanos de la vida antigua, como limpiaban las calles, donde y cómo festejaban…
Ya al atardecer volvemos en bici hasta el hostel, molidos por la caminata y terminamos el día en la terraza del hostel comiendo un pollo a la parrilla preparado por el propietario.

Izmir

El viernes a medianoche nos embarcamos con Hilal en un ferry que nos lleva hasta Bursa, una ciudad a 250km al Sur de Estambul. Ahi empieza la aventura cuando al llegar a Bursa en vez de hacer transbordo a otro ferry hasta Izmir nos dicen que hay que tomar un autocar pero este está estropeado y tenemos que esperar al de recambio. En un parking a las 2 de la mañana. La gente arma un buen escandalo(afortunadamente la temperatura es agradable, me pregunto que hubiese pasado en diciembre) y tras un rato de espera viene el autocar y proseguimos la marcha. Nos despertamos al llegar a la estacion de autobuses de Izmir(Esmirna en castellano) y desde ahi un servicio gratis de minibus nos lleva hasta la zona de nuestro hostel. A pesar de ser el segundo mayor puerto de Turquía  y la tercera ciudad del país en cuanto a población en el camino en el bus vemos que las afueras de la ciudad aún les queda mucho por desarrollar.

La zona de nuestro hostel es bastante residencial y nada turistica asi que pasamos por calles con autenticas tiendas de barrio, carnicerias y restaurantes de obreros con precios de risa. Llegamos temprano al hostel y aun estan limpiando la habitacion pero en la recepcion son tan amables(la tipica hospitalidad turca)que nos ofrecen un desayuno gratis para que esperemos atiborrandonos con bufe libre(con unas olivas negras tipicas de la region).

Tras descansar un rato nos ponemos en marcha y paseamos hasta la cercana costa. Antes pasamos por el bazar de la ciudad, un Gran Bazar en miniatura con patios interiores ideales para hacer una parada para el café turco.Ya antes de llegar a la costa se nota la brisa y el ambiente costero, muy similar a Barcelona. Pese a que İzmir no tiene playa en la ciudad el sonido de las olas y el tiempo veraniego resulta muy relajante e ideal para desconectar de la energética y bulliciosa Estambul.

Paseando por la costa llegamos hasta la famosa torre del reloj que resulta mas bien pequeñita y nos internamos por un kilométrico bazar callejero, en el que venden de todo y más, todo entre mucho ruido, anuncios, letreros luminosos, gente invitandote a entrar en sus tiendas, mujeres regateando, vaya, lo tipico del ritual de compra-venta en Turquia.

Al cruzar el bazar llegamos hasta las ruinas del Ágora, víctima de un terremoto en el 178 AC y posteriormente reconstruida, y que aun guarda parte de su mágico ambiente. Uno puede fácilmente imaginarse a los griegos en la antigua Smyrna reuniéndose en ese espacio abierto para comerciar y debatir de politica. De nuevo los contrastes de este país: en unos minutos pasamos de un bullicioso bazar contemporáneo a la tranquilidad de unas ruinas milenarias.

Al atardecer volvemos a la costa y cenamos en un restaurante junto al mar donde logramos que nos pongan El clásico y desgraciadamente veo al Barça perder el partido y la liga. Pero eso no iba a amargarme el fin de semana asi que nos dirigimos hacia Alsancak, la zona de bares de callejuelas con antiguas casas griegas en las que han ambientado bares, discotecas y terrazas. El ambiente es fantástico, muy relajado a la vez que animado y sin agobios de gente. Entramos en uno que se llama Jackson´s kingdom ambientado, para mi gozo, con grandes cuadros del Rey del Pop vestido de faraón y un grupo tocando en directo versiones de clásicos ochenteros en lo que era el antiguo salon de la casa, ahora reconvertido en uno de los varios espacios con barra de bar.

Volvemos paseando tranquilamente al hostel dispuestos a emprender la marcha por la mañana hacia nuestro siguiente destino: Efes.

Avcilar

Aprovechando una pausa de la nieve, me lanzo con algunos estudiantes erasmus a una visitilla de sábado a un distrito en las afueras de Estambul. A Avcilar se llega tomando un metrobus(un bus que tiene su propio carril con lo que se ahorra el tráfico) de una hora larga. Avcilar es en realidad un “pequeño” barrio residencial de 350000 personas, un antiguo pueblo costero abvsorviso por el crecimiento de la ciudad. Tras llegar con el italiano, la francesa, el alemán y un par de turcos hacemos una parada técnica en el boulevar principal para alimentarnos a base de kumpir, una patata gigante mezclada con queso derretido y al que rellenan con todos los ingredientes y salsas a la carta que se puedan imaginar. Empiezo a incorporar en algunas comidas el ayran, la bebida más popular de Turquia, yogur líquido salado con agua. A priori no parece muy apatecible, acostumbrados como estamos al yogur dulce como postre pero resulta bastante refrescante y este lácteo(por cierto,yogur es una palabra de origen turco) combina muy bien con las comidas picantes. Llegué aquí sin que me gustara, ahora lo tolero, veremos cuanto tiempo antes de que me vuelva adicto.

Tras comer seguimos paseando hasta la costa, notando a cada paso la diferencia entre Avcilar y el centro de Estambul. Parecen dos ciudades diferentes pero siendo la misma el ritmo es totalmente diferente, mas sosegado y residencial. En la costa tienen una reproducción de la casa original de Ataturk, el fundador de la República turca, en Tesalónica. La idolatría por Mustafa Kemal es presente a cada paso en esta ciudad y encuentras retratos, estatuas y fotos en casi cualquier tienda a la que vayas.

Tras visitar la casa, incluidas las fascinantes cuchillas con las que se afeitaba, entramos en un sitio de narguile a tomar un çay y calentarnos. Finalmente, a la vuelta, en el metrobus, caemos rendidos.

Edirne(1/2)

Ya era hora de empezar a viajar un poco así que me uní al pequeño grupo de Erasmus para un fin de semana a Edirne, una ciudad al noroeste de Turquía, tan al oeste que sólo dista 15 kilómetros de la frontera con Grecia(Yunanistan en turco) y Bulgaria(Bulgaristan).

El viaje comenzó mostrando la escala de Estambul: al comprar el billete en el cento un shuttle nos llevó hasta la desmesurada estación de autobuses, posada como una miniciudad entre autopistas y centros comerciales, poblada de cientos de autobuses y subterráneas tiendas de confección y limpieza: una anticiudad dentro de la ciudad. Así, como en un mal chiste, 11 españoles, italianos y alemanes nos embarcamos en un viaje en un autocar con televisión, videojuegos! y servicio de te y pastas.

Me desperté 3 horas después, a la entrada de la ciudad, envuelta en una fantasmagórica niebla. Con equipaje ligero empezamos a visitar las principales mezquitas, una de las cuales tiene los minaretes más altos de Turquía, diseñada por el omnipresente arquitecto Mimar Sinan(que construyó más de 80 mezquitas). De bella decoración con caligrafías árabes aunque para mi está lejos de la majestuosidad de Sultanahmet. Tras el primer turisteo decidimos probar algo típico y cuál fue mi sorpresa al ver que nos servían tava ciğer, el cual no habría pedido de ser mejor mi turco: hígado rebozado. Normalmente estoy abierto a todo tipo de comida exótica pero el hígado tiene un sabor demasiado fuerte para mi. Por suerte el rebozado lo hacía digamos comestible.

Luego continuamos visitando el pequeño bazar cubierto y el centro histórico de la ciudad, hablando con los vendedores de dulces en nuestro parco nivel idiomático. La hospitalidad de aquí asombra. Uno se pone a hablar con un vendedor y acaba dándote a probar todos los dulces sin esperar nada a cambio. Uno lo toma con recelo pero acaba aceptando que en la mayoría de casos son hospitalarios sin más y agradecidos ante cuatro palabras en su idioma.

La cena fue a base de kumpir, una gran patata al horno, abierta por la mitad y mezclada con queso y mantequilla y toda clase de ingredientes que uno pueda imaginar, una bomba calórica en toda regla. Mientras tomábamos algo en uno de los pocos bares de la ciudad un par de músicos callejeros se sentaron con nosotros(nuestro inglés y pintas delataban que no eramos locales) y nos deleitaron con música tradicional turca, a cambio de una propina colectiva, pues es su forma de ganarse la vida.

Sin mucho ambiente nocturno, el grupo internacional se volvió al hostel y conversamos todos juntos en una de las habitaciones hasta que el sueño empezó a vencer a la gente.