Fiesta en casa

Era hora de inaugurar la terraza de mi casa con una pequeña fiesta asi que el pasado viernes invite a algunos amigos de la oficina a cenar y disfrutar de las vistas. Salimos del trabajo y paseamos los 15 minutos que separan el despacho de mi piso. Antes hicimos algunas paradas ténicas: en el manav(la frutería) a comprar kiraz y kavun(cerezas y un melón). La siguiente parada fue en Hayri Usta (usta significa maestro, por lo tanto en la tienda del maestro Hayri), un restaurante especializado en lahmacun, la mal denominada en el extranjero pizza turca, una masa elipsoidal de levadura horneada(aqui en estambul en hornos de piedra) y condimentada con carne picada, tomate y cebolla. Aparte te suelen dar ensalada y limon para agregarla encima y luego enrollarla y degustarla. Antes de venir aqui no me gustaba ya que en Barcelona es una masa insípida pero aquí con los hornos que tienen sale crujiente y delicioso. Encargamos un menu de lahmacun para todos y pasamos por el bakkal de mi calle(la tienda de comestibles), y le compramos a Serkan abi (literalemente hermano mayor Serkan) bebidas varias para pasar el calor y la humedad que empiezan a apoderarse de la ciudad.

Hilal se había adelantado y se había encargado de dejar más que presentable la mesa y las cosas de pica-pica que había comprado el día antes. El resto de la noche fue una noche relajada y divertida entre amigos (todos menos uno arquitectos, esa gran secta).

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Edirne(1/2)

Ya era hora de empezar a viajar un poco así que me uní al pequeño grupo de Erasmus para un fin de semana a Edirne, una ciudad al noroeste de Turquía, tan al oeste que sólo dista 15 kilómetros de la frontera con Grecia(Yunanistan en turco) y Bulgaria(Bulgaristan).

El viaje comenzó mostrando la escala de Estambul: al comprar el billete en el cento un shuttle nos llevó hasta la desmesurada estación de autobuses, posada como una miniciudad entre autopistas y centros comerciales, poblada de cientos de autobuses y subterráneas tiendas de confección y limpieza: una anticiudad dentro de la ciudad. Así, como en un mal chiste, 11 españoles, italianos y alemanes nos embarcamos en un viaje en un autocar con televisión, videojuegos! y servicio de te y pastas.

Me desperté 3 horas después, a la entrada de la ciudad, envuelta en una fantasmagórica niebla. Con equipaje ligero empezamos a visitar las principales mezquitas, una de las cuales tiene los minaretes más altos de Turquía, diseñada por el omnipresente arquitecto Mimar Sinan(que construyó más de 80 mezquitas). De bella decoración con caligrafías árabes aunque para mi está lejos de la majestuosidad de Sultanahmet. Tras el primer turisteo decidimos probar algo típico y cuál fue mi sorpresa al ver que nos servían tava ciğer, el cual no habría pedido de ser mejor mi turco: hígado rebozado. Normalmente estoy abierto a todo tipo de comida exótica pero el hígado tiene un sabor demasiado fuerte para mi. Por suerte el rebozado lo hacía digamos comestible.

Luego continuamos visitando el pequeño bazar cubierto y el centro histórico de la ciudad, hablando con los vendedores de dulces en nuestro parco nivel idiomático. La hospitalidad de aquí asombra. Uno se pone a hablar con un vendedor y acaba dándote a probar todos los dulces sin esperar nada a cambio. Uno lo toma con recelo pero acaba aceptando que en la mayoría de casos son hospitalarios sin más y agradecidos ante cuatro palabras en su idioma.

La cena fue a base de kumpir, una gran patata al horno, abierta por la mitad y mezclada con queso y mantequilla y toda clase de ingredientes que uno pueda imaginar, una bomba calórica en toda regla. Mientras tomábamos algo en uno de los pocos bares de la ciudad un par de músicos callejeros se sentaron con nosotros(nuestro inglés y pintas delataban que no eramos locales) y nos deleitaron con música tradicional turca, a cambio de una propina colectiva, pues es su forma de ganarse la vida.

Sin mucho ambiente nocturno, el grupo internacional se volvió al hostel y conversamos todos juntos en una de las habitaciones hasta que el sueño empezó a vencer a la gente.

Eskişehir

 

El fin de semana resulto en un viaje a la ciudad de Eskişehir(Ciudad antigua)para presenciar una ceremonia civil de dos amigos de Hande, la mejor amiga de Hilal y aprovechar para visitar la ciudad. Tras un viaje en autocar(de calidad bastante superior a los españoles) de tres horas las primeras cosas que destacan de la ciudad son: la contradicción de llamarse ciudad antigua cuando resulta de caracter bastante nuevo y bien cuidado. La razon es que a pesar de haberse fundado en el 1000 a.C la mayoria fue destruida en la guerra de la independencia turca. La planicie de la ciudad destaca en seguida en contraste con la topografia de Estambul. Un pequeño canal cruza el centro, atravesado por pequeños puentes de diversos colores bastante horteras. İncluso se han permitido el homenaje retro de tener gondolas venecianas por el canal.

Aún así la ciudad tiene un carácter muy apacible y tranquilo y mientras no empieza la ceremonia nos damos un homenaje de desayuno bastante barato en comparación con Estambul. Parece que la regla sea cuanto más al este más barato. Paseamos por los alrededores del canal y llegamos en tranvia hasta la parte antigua, famosa por sus casas de madera conservadas. Llegamos a la ceremonia justo cuando alguien del ayuntamiento esta preguntando a los novios si aceptan casarse. Si no fuera por el atuendo del hombre(una larga tunica color vino) y la cantidad de familiares con pañuelos en la cabeza, no podría distinguirlo de una ceremonia civil en España. Cuando han aceptado y los testigos han firmado, los novios y su familia cercana se ponen en fila y los demás van pasando para felicitarles. Los novios besan la mano de los mayores y se la llevan a la frente. Luego estos regalan brazaletes de oro a la novia o con alfileres ponen a uno de los novios broches de oro o billetes en una banda alrededor del traje, como regalo de bodas. Una tradicion bastante curiosa(e interesante visto como esta el oro actualmente)

Tras la ceremonia y el clásico lanzamiento del ramo seguimos paseando hasta llegar a un restaurante famoso por la especialidad de la ciudad:el çi borek, unas empanadas de hojladre fritas rellenas de carne o queso. Tambien comemos mantı, sin duda uno de los platos nacionales turcos, mas conocidos como los raviolis turcos, aunque servidos con una salsa de yogurt y ajo. Y finalizada la comida, nada mejor que unos ligeritos baklavas para rebajar. Un buen modo de despedir el dia de excursion y volver a Estambul