Contrastes

Una reciente visita relámpago a Barcelona me hace reforzarme en la palabra que mejor define a esta ciudad, a Estambul: contrastes. Volver a mi ciudad natal, aunque escasos días, ha sido como un bálsamo y me permte apreciar las diferencias con mayor claridad. Se nota el ritmo diferente, el placer de caminar por las calles, el sol que te acaricia aunque sea Noviembre. Incluso el bullicio en Barcelona es tranquilo. Me encontré cruzando la calle por el medio, entre los coches, mientras alguna gente me miraba extrañada.

También buscaba el atardecer, esa bola naranja inmensa colándose entre siluetas de mezquitas pero no la encontraba. Es curioso como uno se acostumbra rápidamente a ciertas cosas, a la energía de una ciudad. Y cómo echa de menos otras: un café con leche con un amigo en una terracita, unos mates por la mañana en la cocina de tu casa, el sonido del oleaje y el olor del mar, un pan con aceite y jamón serrano. Lo bueno de estas cosas es que con un poco de cada cosa recargas las pilas y pones el contador a cero. Hasta la próxima. Es más el deseo de lo que uno no tiene al alcance que el placer final de empacharse (aunque un buen ribera del duero entre pecho y espalda no te lo quita nadie).

Hasta pronto Barcelona!