Un día en las carreras

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir al circuito de carreras de Estambul, el Istanbul Park, gracias a que una amiga del master trabaja como comisaria de pista. Para un aficionado al motociclismo representaba una oportunidad de oro de ver la parte de atrás del telón de lo que normalmente se ve los domingos en la tele. Claro que esa oportunidad implicaba levantarse a las 5 de la mañana un domingo, una de las experiencias más dolorosas que existen, pero todo el sacrificio merecía la pena.

Después de una hora en autocar llegamos al lejano circuito cuando empezaba a amanecer. Los pilotos y sus equipos empezaban a llegar e instalarse en los boxes. Era la última carrera de la temporada en las cilindradas de 600 y 1000 aunque el ambiente parecía bastante familiar, las gradas principales estaban cerradas y la gente se paseaba tranquilamente por el pit lane, seguramente en su mayoría familia y amigos. Mientras la primera tanda de motos hacía el warm-up me paseé por los boxes, aún con los carteles de la F1, Alonso, Schumi y compañía. Ver el making-off de ese espectáculo deportivo le quita algo de glamour pues no tiene la excelente realización de la tele pero es a la vez más real y puedes ver a escasos centímetros y con detenimiento lo que ves de pasada en la tele: los pilotos revisando la moto y hablando con los mecánicos, como preparan las ruedas, como cambian las piezas del chasis, como salen a pista las motos…No sólo me paseé por los boxes sino que salí a caminar a la pista, en la línea de salida, todo un pequeño lujo.

El trabajo de Esma, mi amiga, consiste en indicar a los pilotos su posición en la parrilla. Si en el futuro vuelve MotoGP a este circuito tendría la oportunidad estar al lado de Lorenzo, Rossi y compañía. Subo incluso a la cabina junto a la salida, donde están los botones que activan el semáforo y veo la salida desde un lugar privilegiado. Me siento como un niño con zapatos nuevos. Poco después nos llega la noticia de que un piloto de MotoGP ha tenido un accidente y está grave. Poco después nos informan que ha fallecido Marco Simoncelli en un grave accidente. La noticia nos deja estupefactos y resulta una cruel coincidencia enterarse en un circuito donde han corrido esas motos. Poco después se une la noticia del terremoto en el sureste del país (que no tuvo ninguna repercusión en Estambul, a más 1500km) y eso acaba de dejarnos conmocionados. El resto del día se ensombrece, pasa como un extraño mareo y se desvanece con un pozo de impotente tristeza.

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Crossing the bridge

El pasado fin de semana llegaba una gran acontecimiento a Estambul: La 33rd Intercontinental Marathon, es decir, la maratón intercontinental de Estambul, singular carrera ya que su recorrido atraviesa dos continentes. Habiendo hecho algunas carreras de 10km anteriormente pensé que el recorrido de 8km me resultaría cómodo de realizar. Pero después de ver el recorrido de la de 15km, que no solo atraviesa de Asia a Europa sino que cruza el cuerno de oro y acaba a los pies de la mezquita de Sultanahmet, no pude resistirme y me apunté aunque fuese una distancia que no había corrido antes. De cómo me entrené para este evento escribiré en otro post, ahora quiero centrarme en las  sensaciones de ese gran día.

Lo primero que tuve que afrontar fue levantarme a las 6 de la mañana a un oscuro y lluvioso domingo(llevaba lloviendo sin parar toda la semana) y cargarme de voluntad para ir a plaza Taksim donde unos autobuses gratis nos llevaban al lado asiático. A las 7.15h de la mañana ya estaba al otro lado del puente y tenía que esperar al aire libre hasta las 9 entre una molesta llovizna y un frío moderadamente incómodo. Gente de todas las edades se empezaba a congregar en las dos salidas: la de 15 y la maratón y la de 8km y la “fun run”. A las nueve dieron la salida y me encontré cruzando el Boğaziçi Köprüsü, un puente reservado exclusivamente para coches excepto este día en el que cortan el tráfico. Sin duda esos primeros minutos cruzando el puente fueron una gran forma de empezar la carrera. En si los 15 kilómetros se hicieron batante llevaderos y me encontré corriendo a un buen ritmo y, aunque el día no acompañara, la gente y el ánimo festivo te acaban llevando. Tras una bajada de un kilómetro en Besiktas llegó el habituallamiento de los 5km con agua, gajos de manzana y esponjas con agua. Bordeando la costa pasé por mi calle, donde acababa la carrera de 8k, rodeado de gente de todas las edades y esos típicos abuelitos que te adelantan con una energía envidiable. Había algunos españoles animando a los lados pero en general, supongo que por las condiciones climáticas, no se escuchaban aplausos ni esos ánimos que te dan un empujón extra que he visto en otras carreras. Una vez cruzado el cuerno de oro los caminos de la de 15k y la de 42k se separaban y enfilábamos la subida del último kilómetro entrando en la parte histórica. Tras un último sprint logré unos para mi muy loables 1h 20 minutos que dan una media de 5 minutos 20 segundos por kilómetro y me dejan más que satisfecho(será una media maratón el próximo objetivo?…)

A la llegada nos recibían con un pack con camiseta, medalla, plátano, zumo y agua. Y tras hacer cola junto a un obelisco milenario recibí también el certificado y junto a Hilal nos fuimos a recuperar energías con un gran y merecidísimo desayuno.

Eskişehir

 

El fin de semana resulto en un viaje a la ciudad de Eskişehir(Ciudad antigua)para presenciar una ceremonia civil de dos amigos de Hande, la mejor amiga de Hilal y aprovechar para visitar la ciudad. Tras un viaje en autocar(de calidad bastante superior a los españoles) de tres horas las primeras cosas que destacan de la ciudad son: la contradicción de llamarse ciudad antigua cuando resulta de caracter bastante nuevo y bien cuidado. La razon es que a pesar de haberse fundado en el 1000 a.C la mayoria fue destruida en la guerra de la independencia turca. La planicie de la ciudad destaca en seguida en contraste con la topografia de Estambul. Un pequeño canal cruza el centro, atravesado por pequeños puentes de diversos colores bastante horteras. İncluso se han permitido el homenaje retro de tener gondolas venecianas por el canal.

Aún así la ciudad tiene un carácter muy apacible y tranquilo y mientras no empieza la ceremonia nos damos un homenaje de desayuno bastante barato en comparación con Estambul. Parece que la regla sea cuanto más al este más barato. Paseamos por los alrededores del canal y llegamos en tranvia hasta la parte antigua, famosa por sus casas de madera conservadas. Llegamos a la ceremonia justo cuando alguien del ayuntamiento esta preguntando a los novios si aceptan casarse. Si no fuera por el atuendo del hombre(una larga tunica color vino) y la cantidad de familiares con pañuelos en la cabeza, no podría distinguirlo de una ceremonia civil en España. Cuando han aceptado y los testigos han firmado, los novios y su familia cercana se ponen en fila y los demás van pasando para felicitarles. Los novios besan la mano de los mayores y se la llevan a la frente. Luego estos regalan brazaletes de oro a la novia o con alfileres ponen a uno de los novios broches de oro o billetes en una banda alrededor del traje, como regalo de bodas. Una tradicion bastante curiosa(e interesante visto como esta el oro actualmente)

Tras la ceremonia y el clásico lanzamiento del ramo seguimos paseando hasta llegar a un restaurante famoso por la especialidad de la ciudad:el çi borek, unas empanadas de hojladre fritas rellenas de carne o queso. Tambien comemos mantı, sin duda uno de los platos nacionales turcos, mas conocidos como los raviolis turcos, aunque servidos con una salsa de yogurt y ajo. Y finalizada la comida, nada mejor que unos ligeritos baklavas para rebajar. Un buen modo de despedir el dia de excursion y volver a Estambul

Turisteando

Aprovechando la visita de Martin era hora de recorrer algunos de los clasicos sitios turisticos de esta ciudad. Antes, me aproveche de otra de las ventajas de ser estudiante en esta ciudad: la muzekart. Por solo 10 liras, unos 4 euros, los estudiantes tienen acceso gratis a un monton de museos en toda Turquia durante un año. Lo bueno es que lo amortice el mismo dia entrando en Santa Sofia(cuya entrada ya vale 20 liras). Me senti como si me hubiesen pagado hacer algo que me encanta, visitar arquitectura. No habia entrado en Santa Sofia desde que estuve con mi madre cuando tenia unos 15 años y verdaderamente resulta una experiencia arquitectonica entrar al espacio de la gran cupula. Junto a Merve e Idil, dos de las 5 chicas turcas que tambien estuvieron con nosotros ese año en Mantova, visitamos los interiores de tan fascinante museo, que fue iglesia y mezquita.

Luego pasamos a la cercana mezquita de Sultanahmed, mas conocida como Mezquita Azul por sus mosaicos de tal color. Resulta muy interesante visitar estos dos edificios seguidos ya que ofrecen una experiencia similar y a la vez diversa. Uno puede admirar el similar tamaño y sin embargo la solidez de Santa Sofia frente a la ligereza de la mezquita azul, los diversos tipos de iluminacion, etc.

Tras las visitas paramos a comer kofte, albondigas de carne, y luego seguimos hacia el Gran Bazar. De la parte historica pasamos a la parte moderna y nos metimos por la bulliciosa calle de Nevizade, en el barrio de Beyoglu, a buscar un restaurante para mostrar a Martin lo que es una verdadera mesa de rakı(raki sofrası): una tradicion consistente en cenar en una gran mesa agasajada con mezzes(pequenas tapas turcas) regada con rakı, el licor nacional turco, de sabor anisado y que se mezcla con agua y hielo adquiriendo un color blanquecino al que llaman ‘leche de leon'(arslan sutu). Las mezzes son de diverso tipo pero no pueden faltar el queso blanco(beyaz peinir, parecido aunque en mi opinon superior al feta griego) y melon. En nuestro caso ademas teniamos ensalada, judias y diversos tipos de cremas para untar en el pan casero. La cena vino acompañada de los tipicos musicos que van pasando por las mesas y tocan y cantan musica tradicional turca hasta que no les ‘sobornas’ con algo de dinero para que sigan su camino. Fue una buena ocasion para divertirse improvisando un baile alrededor de la mesa y acabar de pasar una entretenida velada entre viejos amigos.

Hammam

La semana pasada recibí la primera visita de un amigo en la que ahora es mi ciudad. A Martin, el chileno, lo conocí, al igual que a Hilal, el año que estuve viviendo en Italia. Acabamos viviendo juntos y compartiendo experiencias en la bella y piccola Mantova. Ahora esta embarcado en un increíble viaje de un año alrededor del mundo que me da la más sana(si acaso eso es posible) de las envidias.

Puesto que el fin de semana íbamos a visitar con otros amigos en común la parte histórica le propuse visitar la parte moderna y acabar relajándonos en un hammam, el clásico baño turco. Al ser mi primera experiencia en mucho tiempo quería alejarme de los clasicos sitios turísticos y aconsejado por mi compañera de piso turca nos dirigimos con acierto hacia uno llamado Büyük Hammam(Gran Hammam)en el barrio de Kasımpaşa. Pulsando aqui hay algunas imagenes. Digo acertado porque descubrimos que eramos los únicos extranjeros en el lugar y resultó ser una experiencia a la par relajante, divertida y un tanto surreal. El local es tan antiguo como 1553 y entras a un patio interior cubierto al que dan multitud de cabinas para cambiarse y ponerse una tela a modo de pareo. Tras esto entras en la zona de vapor donde hay secciones de techo abovedado con pequeños agujeros acristalados que asemejan una boveda celeste. Nos sentamos en el marmol caliente a sudar un rato mientras nos poniamos al dia despues de no vernos en más de 4 años.

Tras un rato el más clasico de los hombres turcos(barrigón y con mostacho) vino a buscarnos y junto a otro empezaron a hacernos un peeling intensivo. En mi muy pobre turco mantuve una conversación a lo indio sobre de dónde eramos, que hacía aquí, de dónde era ese simpatico gordinflón(del Mar Negro) y si era del Barça, pregunta obligada cada vez que digo que soy de Barcelona(seguida de una sonrisa y un “Messi”). Tras enjuagarnos y limpiarnos a conciencia nos pasaron a una mesa hexagonal de marmol(la göbek taşı o piedra de barriga) donde nos tumbaron y procedieron a un enjabonado y enérgico masaje. Por lo que habia leído y oído esperaba sufrimiento en esas fuertes manazas pero me encontré con un consistente masaje y algún crujido de espalda que me dejó como nuevo.

Tras el renovante masaje aún tuvimos un rato para descansar y volver a lavarnos en otra sala. Finalmente volvimos a salir al patio cerrado de la recepción, donde tomamos un refresco junto al nutrido grupo de gorditos turcos.

No tengo dudas de que repetiré.